Aterrizaje lunar privado. Reflexiones sobre la misión SpaceIL

Peter Diamandis

En septiembre de 2007, compartí el escenario con Larry Page, Buzz Aldrin y el administrador adjunto de la NASA para anunciar el premio Google Lunar XPRIZE de 30 millones de dólares.

Nos propusimos el desafío de que un equipo privado construyera y lanzara un vehículo que pudiera volar y aterrizar en la Luna, enviar fotos y videos, recorrer medio kilómetro y enviar más fotos y videos.

Aquí un video de aquel anuncio:

A finales de febrero de 2019, doce años después, SpaceIL lanzó su nave espacial Beresheet con destino a la Luna sobre un cohete SpaceX Falcon 9.

Beresheet llevó el logotipo de XPRIZE al espacio, y tomó estas dos selfies, una durante su trayectoria translunar y otra camino a la superficie lunar:

Beresheet_selfies

Imagen: (derecha) Una selfie de Beresheet tomada en su recorrido de seis semanas de la Tierra a la Luna. (Izquierda) Una selfie de Beresheet tomada a pocos kilómetros de la superficie lunar, momentos antes de que el vehículo sufriera un desmontaje cinético no planificado.

Viajé a Israel para unirme al equipo de SpaceIL en el control de la misión Beresheet para este histórico intento.

Este blog es mi reflexión sobre la electrizante misión de la primera nave espacial lunar privada.

¿Por qué lanzamos este premio y por qué Google lo financió?

Creamos el premio Google Lunar XPRIZE para lograr dos objetivos principales:

  • Inspirar a la próxima generación de científicos, ingenieros e innovadores a intentar el lanzamiento de naves espaciales a la Luna.
  • Impulsar un acceso asequible a la Luna y ofrecer a los empresarios espaciales una plataforma legítima para desarrollar modelos de negocios a largo plazo en torno al transporte lunar.

Misión cumplida

Aunque la misión SpaceIL no logró un aterrizaje suave en la superficie lunar, hay mucho de lo que estar orgulloso y celebrar:

  • El Viaje del Héroe del equipo SpaceIL: imagina tres jóvenes emprendedores que apasionada e ingenuamente se proponen lanzar una misión para aterrizar en la Luna. Sin financiación ni experiencia técnica. Sin embargo, recaudarían 100 millones de dólares y construirían la nave espacial Beresheet con un equipo de menos de 50 ingenieros.
  • Un visionario financista: también celebramos la visión y pasión de Morris Kahn, originario de Sudáfrica, billonario israelí que se sintió tan conmovido por la pasión de los fundadores de SpaceIL que se comprometió con casi 50 millones de dólares para financiar la construcción y lanzamiento de la nave.
  • El impacto en niños y adultos: tras haber estado la semana pasada en Israel, sé que el equipo SpaceIL y la nave especial Beresheet son conocidos por cada estudiante y está en boca de todos. En cada lugar en el que estuve en Israel, una y otra vez jóvenes y mayores felicitaban a la Fundación XPRIZE por inspirar esta misión.
  • Hacer historia: en su emocionante trayectoria la nave espacial Beresheet hizo historia en más de un sentido, incluyendo: (1) ser la primera compañía privada en orbitar la Luna y tocar la superficie lunar; (2) convertir a Israel en la séptima nación (tras EEUU, Rusia, China, Japón, la Agencia Espacial Europea e India) en orbitar la Luna, el cuarto país en intentar un aterrizaje suave en la Luna y el cuarto país en tocar la superficie lunar.

Concesión de 1 millón de dólares del Moonshot Award

El lanzamiento de naves espaciales a la Luna es por definición difícil, y el resultado de la misión SpaceIL ha demostrado que estas competiciones que cambian el mundo están lejos de ser fáciles de ganar.

Al mismo tiempo, el espacio es en particular sumamente duro… por ahora.

Por ello, Anousheh Ansari (directora ejecutiva de XPRIZE) y yo decidimos otorgar al equipo SpaceIL el ‘Moonshot Award’ de 1 millón de dólares, a pesar de su desmontaje cinético, como un incentivo para proseguir su misión y lanzar Beresheet 2.0.

Conclusión

Sin duda, SpaceIL y Beresheet han propulsado la industria espacial privada hacia una nueva era.

Estoy agradecido con el equipo de SpaceIL por su dedicación y valentía en la prosecución del objetivo de Lunar XPRIZE y por vincular a millones de niños alrededor del mundo con la ciencia, tecnología, ingeniería y el espacio.

Me siento orgulloso de que la Fundación XPRIZE apoye Beresheet 2.0 con el premio de 1 millón de dólares y desde ya estoy impaciente por ver Beresheet 2.0 aterrizar en la Luna.

Peter Diamandis es un ingeniero, físico y empresario estadounidense de origen griego, fundador y presidente de la Fundación XPRIZE.

Enlace al texto original en inglés:
https://www.diamandis.com/blog/reflections-on-spaceil-mission

Publicado con autorización del autor.
Versión en español: Fanny Díaz

 

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En el sur de Israel: moshav Shuva

El autobús que va hacia Beer Sheva me deja en medio de una carretera solitaria. Aunque a mi derecha se extiende un terreno verde, con sembradíos que no puedo identificar dados mis nulos conocimientos de agricultura, la sensación es que estoy en medio de la nada. Lógico, pienso, estoy en el desierto. En la zona noroeste del Negev, para ser exactos. A no tantos kilómetros de aquí está el pleno desierto, uno de mis sueños, pero esta vez mi destino es visitar a mis amigos en el moshav Shuva.

MoshavShuva_entrada

Frente a mí aparece la señal de que estoy en el lugar correcto: un gran muro con el nombre del moshav, que incluye la cita de los Salmos de donde los fundadores tomaron la referencia para designar el lugar.

Retorna (shuva), oh Dios, a nuestros cautivos, cual cauces en el Negev (Salmos 126:4).

Desde la carretera hasta el centro del moshav hay una buena caminata, alrededor de quince minutos, que hago con la alegría del descubrimiento. Como se sabe, me he quedado en esa edad en que todo lo nuevo parece bueno.

Cuando llego, una gran fiesta comunitaria me da la bienvenida. Nada personal, claro, pero me lo tomo como un gesto de generosidad hacia mí.

MoshavShuva_VentanaAlgunas semanas después volvería a pasar un Shabat entre amigos. En la mañana del sábado fuimos a la sinagoga y luego compartimos un kidush comunitario al aire libre. La mayoría de la gente que conocí eran parejas jóvenes, de diferentes tendencias dentro del judaísmo, todos juntos.

Luego del kidush nos sentamos en esteras dispuestas en el suelo, a hablar, a tomar un poco de sol, a disfrutar de los amigos… a compartir, que es lo que hace la gente cuando vive en comunidad.

En Shuva la mayoría vive en casas conocidas como caravan, construcciones portátiles muy similares a un tráiler de viaje, de donde supongo viene su nombre. En este sentido, no muy diferente de otros moshavim que he visitado. Algunos pobladores más antiguos han construido casas espaciosas y de diseños únicos, impensables en zonas urbanas. Mis amigos han comenzado a construir la suya a partir de containers, con un proyecto arquitectónico profesional. La idea me parece fascinante. Mientras los demás duermen la siesta de Shabat, me dedico a escrutar los detalles de la construcción. Es Shabat y no puedo tomar fotografías. En mi próxima visita, probablemente la casa esté lista, o casi.

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Tras la siesta vamos a visitar una caballeriza y los campos, lo único que nos recuerda que estamos en un moshav. Al terminar Shabat, es hora de regresar. Todas las líneas de autobús que van de Beer Sheva y Netivot hacia el centro del país deben pasar frente a la entrada del moshav, e incluso hay una parada que lleva su nombre. Después de todo, no es verdad que estamos en medio de la nada; es la voz de mi alma urbana, un poco aturdida por tanto aire puro, lo que me lleva a pensar esto.

La vida de Shuva toca algo profundo en mí. Quizás nunca sea capaz de compartir la cotidianidad de una comunidad como esta, pero la sensación de casa me queda por unos cuantos días. Es otro Israel, el de los sueños pioneros. El Israel por el que gente como yo está aquí. Mi casa es tu casa. El viaje continúa.

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Fanny Díaz

 

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Información de interés

Moshav, plural moshavim: poblado cooperativo, originalmente dedicado a la agricultura, fundado en la primera mitad del siglo XX por la segunda inmigración judía (aliá) a Israel.

Un poco de historia

El moshav Shuva fue establecido en 1950 por inmigrantes de Trípoli, Libia, a quienes más tarde se unieron inmigrantes de Argelia y Túnez. En 1957 los residentes tunecinos abandonan Shuva para fundar el moshav Zimrat.

En 2016 el moshav contaba con 622 habitantes, una mezcla de descendientes de las familias fundadoras y un número de familias jóvenes, establecidas aquí por diversos programas de poblamiento de la zona del Negev.

Shuva pertenece al consejo regional Sdot Negev, uno de los siete consejos en los que se divide la zona noroeste del Negev (Jof Ashkelon, Lajish, Sha’ar HaNegev, Sdot Negev, Eshkol, Bnei Shimon y Merjavim).

Fuentes

Or Movement en el Negev 

New pioneers of the Negev desert

A Day in the Western Negev

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Manos a la esponya y bienvenido a Israel

Comienzos_ViejacasanuevaNunca hubiera imaginado que fregar el piso podría llegar a ser un código cultural, o cuando menos lo más próximo a un rito de pertenencia femenino –y quizás también masculino, pero de ello no puedo dar testimonio, por razones obvias– que he conocido. Pero no limpiar de cualquier manera. En Israel el elaborado ritual recibe el nombre de esponya, y como todo código responde a normas “que regulan unitariamente una materia determinada” (rae.es). Por eso existen los códigos, porque éstos son una de las pocas formas de asegurar que algo pasará de una generación a otra sin mayores variantes.

Iniciar al recién llegado –y algunas veces a quien ya no lo es tanto pero aún no ha entendido bien los intríngulis del asunto, como es mi caso– en el arte de la esponya es sin duda un gesto de buena voluntad y acogida. Para quienes llegan, abrirse a otras maneras de hacer incluso las cosas más simples es asumir la disposición de aceptar nuevas reglas. Un rito de pasaje por donde se mire.

Aunque elaborado y codificado, el proceso de la esponya no responde a principios complejos. En Israel no hay tiempo ni paciencia para eso. Se trata básicamente de una manera de lavar el piso con mucha agua y esfuerzo.

Por supuesto, como paso previo el piso debe haberse barrido. A continuación se preparan los instrumentos para la esponya. Nada de ir a buscar lo que se necesite “como vaya viniendo”. Todo debe estar listo antes de comenzar. Para esto se llena un balde de agua con jabón, limpiador para pisos o lejía (aquí llamada ‘económica’, lo cual merecería un capítulo aparte), que a continuación se vacía en la superficie a lavar.

En casos extremos se frota el piso con una escoba para quitar el sucio y luego se saca el agua con lo que en algunos países llamamos haragán o más comúnmente secador de pisos. En días “normales” puede prescindirse de la escoba. Si se está en modo obsesivo, se vuelve a cubrir el piso con agua limpia, pero en la mayoría de los casos simplemente se pasa el coleto o mocho mojado para asegurar que el piso haya quedado bien limpio. Muchos años atrás, según cuentan, se usaba para esto un aparatoso palo con esponja llamado esponyador­, de donde proviene el nombre de la tarea que nos ocupa. Por último se pasa un trapo seco.

Uno diría que después de esto el piso quedará limpio durante meses, pero no. Si se trata de una oficina o una escuela, al día siguiente hay que volver a lavarlo de la misma manera. Y en casa, cada semana o con la frecuencia que el ánimo doméstico lo disponga.

Lavar el piso con balde y trapo, tal como se usa en innumerables países alrededor del mundo, es conocido como esponya americait, sinónimo de básicamente limpiar con agua sucia. Y no les falta razón, claro.

Pese a mis esfuerzos antropológicos aún no he podido dar con una versión confiable de sus orígenes culturales. He leído que en algunos países de Europa del Este se usa un método de limpieza parecido, pero desconozco si tiene el carácter de marca cultural que detenta la esponya en Israel.

Limpiar, con cualquier método, no entra en mi lista de actividades predilectas, pero si en nombre de la pertenencia hay que dominar la técnica de la esponya, sea bienvenido este rito de pasaje. Espera, ¿sólo hace falta esa lección y su correspondiente práctica para considerarse israelí? Walla, leat leat, lo col caj pashut. Por Dios, poco a poco, no es tan simple.

Fuentes: experiencia personal. Si alguien tuviera dudas de mi versión, sólo tiene que consultar esta “Guía para principiantes en cinco pasos”.

Fanny Díaz


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