Jaffa Lidia Graciela Libedinsky

La Jaffa de la artista Lidia Graciela Libedinsky

Desde siempre el artista se ha inspirado en su entorno, a la vez que le ha prestado su visión mágica a lo que lo rodea. El ojo del artista encuentra detalles, inventa historias, crea mundos, observa lo que a otros nos pasa desapercibido.

La artista plástica Lidia Graciela Libedinsky nos pasea por Jaffa (Yafo en hebreo) y nos permite compartir su mirada, y por si fuera poco, cuando recrea lo que mira nos acerca a una ciudad histórica, de encuentros culturales, de historias tras historias tras historias.

Jaffa de Graciela Libedinsky

Callecitas de adoquines, angostas y sin salida. Paredes que descascaran historias. Quizás testigos de encuentros secretos, de ingleses, otomanos, árabes y judíos. Cada flor nace donde puede, una ranura o la fisura del muro. Es una música que ondea, mixta, levantándose como espesa neblina. Habla una ventana, un vidrio, una reja, un balcón, una cortina raída. Todo dice, en una lectura tácita e interpretativa. Entre el ayer y el hoy, vuelvo la mirada al ensueño de un Yafo mágico. Tan parecido a un cuento, para vivirlo y relatarlo». LGL

¿Subimos?
2021
Acrílico sobre lienzo
60×40 cm

Muros de Yafo
2021
Acrílico sobre lienzo
Formato pequeño

La magia de Yafo se traslada a mis lienzos. Incontables recorridos entre callecitas, que llevan a lo incógnito, a la historia misma, al ayer de las revueltas, los diferentes tiempos, los legados. Es romántico, casi ensueño. Subyuga entremezclarse, recorriendo esas paredes de piedra arenisca y sus azules aberturas. Hay duendes, hadas, sultanes, rezos, cantos, milagros, navíos, aromas a incienso y mirra, que a la imaginación le sabe a cuento». LGL

Lidia Graciela Libedinsky es profesora de artes visuales en tres niveles educativos. Egresada de la Escuela de Artes Visuales de Paraná, Entre Ríos, Argentina. Artista plástica, con diversas exposiciones y premio de honor otorgado en concurso ganado y plasmado en un mural de 10×3 metros, en instancia de concurso en la Universidad Tecnológica Nacional de Entre Ríos y permanencia a post mortem. Reconocida como artista plástica ante jurado evaluador en Israel, bajo la coordinación del Ministerio de Absorción. Hizo aliá en 2002.

Autoría de las imágenes: Lidia Graciela Libedinsky


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Ballenas, romance y naranjas desde el puerto de Jaffa en Israel

Roaring Tel Aviv

Tel Aviv Keith Roughton

Tel Aviv es una ciudad de sirenas y de coches, de palmeras y torres de cristal, de casas frágiles como la arena, de grúas altas iluminadas en la noche.

Yala, yala, Tel Aviv no descansa, se mueve a la velocidad supersónica de los aviones que antes surcaban el cielo, día y noche. Aviones que viajaban a destinos lejanos como Chicago o Tokio, que se anunciaban con sus tripulaciones glamurosas en grandes carteles de publicidad sobre los edificios. Lejos, todo el mundo sueña con viajar, con irse lejos, incluso los que vienen para quedarse.

Yala, yala, Tel Aviv se mueve al ritmo de los coches que, como un bucle infinito, entran y salen de la ciudad; de los trenes rojos con viajeros silenciosos que cruzan el país de norte a sur; de las sirenas de las ambulancias; de la voz de mujer que escapa de los autobuses y nombra las paradas. La estación de HaShalom bulle de gente: mujeres con turbantes elevados como zigurats, soldados con cara de niño y fusiles gastados a la espalda, chicas de uniforme con sandalias y bolsos de Prada, hombres oscuros de traje y sombrero, mujeres de gestos elegantes y delgados, etíopes hermosos y esbeltos con tupé, madres con niños, niñas de faldas largas y blusas cerradas…

Yala, yala, jóvenes sobre monopatines y bicicletas eléctricos sortean los autobuses y los coches. A veces van montados dos o, más difícil todavía, tres y cuatro amigos, haciendo zigzag, de un lado a otro, arriba y abajo de la ciudad, con cascos de colores brillantes, orejas de gato y crestas mohicanas.

Tel Aviv Keith Roughton

Yala, yala, también el mercado va sobre ruedas. En HaTikva, que significa esperanza –moderna corte de los milagros–, ancianos marchitos recorren los puestos de verdura en cochecitos de tres ruedas. Hasta hay un hombre que quiere ser pirata y, en lugar de una pata de palo, lleva una silla de ruedas, y un pañuelo en la cabeza y un loro de un verde imposible y una bandera.

Mientras, la playa no sabe de banderas ni de edades y está abarrotada de bañistas. Cerca, las terrazas y los cafés, con sus faroles de noche de verbena, están llenos de jóvenes que fuman y beben y hablan alto, ajenos al corona.

Rega, rega, el sol, naranja como una yema de huevo, rojizo como un sol japonés, se oculta tras los edificios altos de cristal, con sus nombres como estrellas en un mapa: HaPoalim, Nissan, Electra…; se oculta tras las palmeras, las grúas, el ruido de coches y sirenas que anuncian ambulancias o misiles. Vigilante, la torre de control militar se eleva sobre el tráfico de Kaplan, con esa forma de trampolín iluminado y ese cielo morado de un cartel de Renau.

Tel Aviv Keith Roughton

Rega, rega, llega Shabat y el ruido de la ciudad desciende, como la quietud antes de una tormenta. El cielo descansa, se vuelve doméstico, con sus tejados de depósitos de agua, paneles solares, cables y antenas. Se escucha el run-run constante de los aires acondicionados, los niños que juegan en los patios, el rumor de las familias.

Mar Muerto Keith Roughton

Rega, rega, mientras, no muy lejos de Tel-Aviv, a orillas del mar Muerto, un socorrista rompe por un momento el silencio. “Relax on your back”, nos ordena por megafonía a los turistas que flotamos en el agua como un balón de playa, con las montañas borrosas, fuera de foco, de Jordania al fondo y un azul irreal que no es azul. Es un silencio nuevo, como el principio del mundo.

*Yala: (voz árabe) ¡vamos!
*Rega: un momento.

Texto: Alicia Martínez
Fotos: Keith Roughton

Alicia Martínez vive y trabaja, entre libros, en Tel Aviv. Estudió Bellas Artes en Madrid y su práctica artística se sitúa en torno a la edición de fanzines con fotografías propias o encontradas entre los álbumes familiares. Son casi siempre imágenes —memorias fragmentadas— de momentos de ocio, de un tiempo propio. Ha publicado los fanzines de fotografía Carnet de baile, Siempre es domingo y Una muchacha en bañador.

Keith Roughton es un fotógrafo inglés que reside en Tel Aviv desde hace unos años, después de vivir en Londres y Madrid. Actualmente trabaja en un proyecto titulado “The passer by”, una serie de fotografías de calle que comenzó en 2015 y que ofrece una mirada atenta donde se entretejen dos ciudades, Madrid y Tel Aviv.

De cómo Rejovot se convirtió en la Ciudad de la Ciencia y la Cultura

La primera vez que visité Rejovot era finales de febrero y los naranjales estaban cargados. El olor de las naranjas, que un siglo atrás fueron el medio de vida de la ciudad y ahora son un adorno del paisaje urbano, perfumaba el aire. Pensé que ese olor le daba una personalidad particular a la pequeña ciudad. Mientras caminaba de la estación central de autobuses, atravesando callecitas que algunas veces parecen detenidas en el tiempo, me vino a la mente la historia de las primeras ciudades judías –cuando el Estado de Israel era apenas un sueño–, de las que Rejovot forma parte.

Es una historia de un tipo de tenacidad y arrojo que los olim de las últimas décadas desconocemos. Cuando vemos un Israel pujante y tecnológico olvidamos los orígenes humildes, previos a la creación del Estado, de ciudades como Rejovot, que con otras como Petah Tikva (1878), Rishon LeTsion (1882), Nes Tsiona (1883) y Hadera (1881), conformaron algunos de los primeros asentamientos judíos que darían lugar al nuevo Israel.

Un poco de historia

Rejovot se fundó como una colonia agrícola (moshavá) en 1890, en tierra comprada al estado feudal otomano por la sociedad Menuja VeNajala, una organización judía polaca que buscaba impulsar el establecimiento de judíos en Éretz Israel. Entonces eran 280 personas. En 2019, según estadísticas publicadas en 2020, la ciudad contaba con una población de 143.904 habitantes.

La primera casa construida por aquellos pioneros todavía está en pie: Beit Yosefson (Casa Yosefson), así como el primer árbol, ambos en la calle Yaakov, la cual recibió su nombre en honor a Yaakov Broida, director de la asociación Menuja VeNajala. En 1904 se construyó la primera sinagoga, Ohel Sarah, en la calle Binyamin, adyacente a la primera calle.

  • Primer árbol, calle Yaakov
  • Sinagoga Ohel Sarah,Rejovot

Aún hoy esas primeras calles, junto con la Herzl, la calle principal, son el corazón de la ciudad, y muchos de los sitios históricos han sido restaurados o están en proceso de restauración.

  • Beit HaAm, Rejovot
  • Beit Yosefson
  • Beit Yosefson

Las plantaciones iniciales fueron viñedos, almendros y cítricos, pero los habitantes tuvieron que enfrentar fallas agrícolas, enfermedades de las plantas y problemas de comercialización. Sin embargo, Rejovot logró mantener su independencia económica gracias al apoyo del barón Rothschild. La bodega de Rishon LeTsion absorbió la cosecha de uva a un precio subvencionado, por lo que la vid era rentable.

Primera bodega de Rejovot

En 1904 Zalman Minkov planta el primer huerto de cítricos, en un terreno de 150 dunams, iniciando así el desarrollo del ramo de cítricos por el que Rejovot recibió el título de “Ciudad de los Cítricos”.

El lugar se ha transformado en el museo Atar Hapardesanot Minkov (Sitio del Huerto de Minkov, Minkov Orchard Site), donde puede visitarse la historia de aquellas plantaciones en las que los trabajadores de la segunda aliá revivieron el idioma hebreo y plantaron las semillas de un nuevo país.

Museo Atar Hapardesanot Minkov

Uno de los elementos dominantes de Rejovot es la presencia de la comunidad yemenita. Las primeras familias llegaron en 1907 desde Jerusalén, Yafo y el Kinéret para trabajar como agricultores. Se instalaron en un terreno que les fue cedido al sur de la ciudad, luego conocido como el barrio Shaaraim. En 1911 cientos de familias llegadas directamente desde Yemen se instalaron en Rejovot. Desde entonces la ciudad lleva la impronta de la cultura yemenita. Aún hoy pueden verse personas mayores vistiendo ropas tradicionales yemenitas.

Yemenite Jewish Heritage Center, Centro del Patrimonio Judío Yemenita

Ciudad de la Ciencia y la Cultura

Desde su fundación Rejovot contó con gente de letras entre sus habitantes, como el prolífico escritor Moshe Smilansky, quien se estableció en la ciudad en 1893. Su sobrino Yizhar Smilansky, nacido aquí en 1916, es uno de los grandes nombres de la literatura israelí.

En 1932, la estación de pruebas agrícolas se trasladó de Tel Aviv a Rejovot. La estación echaría las bases de los estudios de agricultura en Israel: en 1942 se inaugura el Instituto de Estudios de Agricultura, que luego se convertiría en la Facultad de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente de la Universidad Hebrea de Jerusalén.

En 1934, el Dr. Jaim Weizmann fundó el Instituto de Investigación Sieff en Rehovot, que luego pasó a llamarse Instituto de Ciencias Weizmann, uno de los institutos de investigación más prestigiosos del mundo. El Dr. Jaim Weizmann, primer presidente del Estado de Israel, quien también era un científico de renombre mundial, construyó su casa en la ciudad. La casa fue diseñada por el arquitecto Eric Mendelssohn en 1937 y se llamó la “Casa del Presidente”. En el jardín que la rodea se encuentran las tumbas de Vera y Jaim Weizmann. En 1978 el edificio se convirtió en museo.

Instituto de Ciencias Weizmann. Al fondo el acelerador de partículas

En 1963 se estableció el Centro para el Estudio de los Asentamientos. Además de estos se encuentran en la ciudad: el Instituto para el Control Biológico de Plagas de Cítricos, el Instituto Israelí para el Vino y el Peres Academic Center College. En 1985 abrió la Escuela de Medicina Veterinaria Koret como parte del campus de la Universidad Hebrea de Jerusalén. La ciudad cuenta con un complejo industrial y de oficinas llamado Park Hamadá (Parque de la Ciencia).

Todo esto ha dado a Rejovot el título de la Ciudad de la Ciencia y la Cultura.

Cítricos, ciencia y espíritu: estas fueron las tres características de la antigua colonia agrícola y, por lo tanto, también el símbolo de la ciudad de Rejovot está compuesto por frutas cítricas, un microscopio y un libro.

Escudo de Rejovot


“Venir a Rejovot era venir a un lugar con un rostro. Tenía solidez, tenía sombra, tenía formalidad y franqueza. Había con quien hablar sobre temas de suma importancia y sobre temas de ninguna importancia. Las arboledas de naranjos eran fértiles y casi azules de verdor. (…) Y existía un eterno corazón que latía todo el tiempo, una y otra vez, y el agua llegaba día y noche desde las profundidades de la arenosa tierra de cultivo sombreada por los naranjos”.

Yizhar Smilansky
(Rejovot, 1916 • Meishar, 2006)


Rejovot siglo XXI

Biblioteca municipal Joseph Meyerhoff

Lo que más atrae de Rejovot es que no quiere ser otra ciudad, no quiere imitar. Solo quiere conservar su historia. Ha ido creciendo, pero no de manera desmesurada ni a costa de su memoria. Espero que se conserve así. No que se detenga para preservar el pasado, sino que siempre sepa mirar hacia delante sin perder de vista de dónde viene.

Decidí venirme a Rejovot porque me gusta la atmósfera de esta ciudad cuyo lema es “ciencia y cultura”. Hay algo en sus pequeñas calles y en su historia que me parece entrañable, aunque está lejos de la armonía que describe Yizhar Smilansky. Debo admitir que encuentro un poco de altanería en sus gentes. Será precisamente por eso que me gustó. Siendo la introvertida que soy, sé apreciar su amable distancia. Muy pocas veces alguien se dirige a uno en la calle, como sucede en otros lugares de Israel, incluso Tel Aviv, pero el trato es correcto y la atención al cliente buena, y se agradece. Esperamos tu visita, apreciado lector. Mi casa es tu casa.

Por Fanny Díaz

Créditos fotográficos: todas las imágenes pertenecen a Fanny Díaz, excepto la imagen del Museo Atar Hapardesanot Minkov (®In My Backyard) y de Yemenite Jewish Heritage Center (®Wikipedia).

Fuentes

Nota: parte de este texto ha sido traducido de la página web de la municipalidad de Rejovot y del Archivo Histórico de la ciudad, cortesía del historiador Dr. Amiad Brezner, voluntario experto en el archivo y las familias fundadoras.

[Municipalidad de Rejovot]

[Archivo Histórico de Rejovot]

 [Wikipedia]

[Wikivoyage]

Páginas recomendadas

[In my Backyard]

[TouristIsrael]

[RehovotIsrael]

[Yemenite Jewish Heritage Center]

10 años más tarde. Mis gustos musicales israelíes

Grafiti israelí

Hace algunos años decidí explorar Israel a través de sus artes visuales. Fue una excursión emocionante y provechosa, y aunque no he seguido en esa dirección, me sirvió mucho para comenzar a entender lo que sucede a mi alrededor. Pero conocer un país como inmigrante, o al menos esta inmigrante que soy yo, es un proceso, un camino. Con frecuencia, siento que conozco muy poco de la compleja sociedad israelí.

En los últimos tiempos, en los que estoy obsesionada por mejorar mi todavía muy mediocre hebreo, y de paso ponerme en contacto con las vibras de la calle, me he volcado a la música. Entender las letras, dicen muchos expertos, es una de las mejores maneras de aprender una lengua. (Por supuesto que habrá letras que no merecen ser entendidas en ninguna lengua, digo yo aquí.)

Si bien mis gustos en música son muy eclécticos, y a menudo ni yo misma sé de qué van, sin duda tengo preferencias, que obviamente he trasladado a mis escogencias de la música israelí. Por lo tanto, este resumen solo pretende ser mi playlist personal.

Playlist personal de música israelí

Hay algunos cantantes contemporáneos que me “tocan”: Kutiman, de quien he sido una fanática casi desde que llegué a Israel; Idan Raichel, lo cual no es nada original pues media humanidad lo ama; Aviv Gefen, un compositor de particular sensibilidad, y Blackfield, su proyecto colaborativo con el músico británico Steven Wilson; aunque escucho poco al clásico Shlomo Arzi, aprecio su poética; y admiro la versatilidad de Nathan Goshen.

“Sof Haolam” (Fin del mundo), Aviv Gefen

“Bati Lajlom” (Vine a soñar), Nathan Goshen

En alguna época fui fanática de Hadag Nahash (El Pez Serpiente), un grupo de hip-hop que fue la banda del año en 2010, cuando llegué a Israel. Hace ya un tiempo que no se escucha. Recientemente pude comprobar que los jóvenes de alrededor de 18 años no los conocen y los de 20 y pico los desprecian por sombríos. Sin comentarios. Todavía escucho su canción “Shirat Hasticker”  (La canción de las etiquetas), que es una sesgada e inteligente recopilación de textos de calcomanías israelíes.

“Shirat Hasticker”  (La canción de las etiquetas), Hadag Nahash

Amo en particular la irreverencia creativa de Victoria Hanna, una artista que a pesar de las apariencias en verdad es profundamente tradicionalista. Su relato visual, indisoluble de su búsqueda musical, es un homenaje a la tradición judía y más específicamente a la herencia espiritual sefardí. Su música ha sido etiquetada como “rap kabalista”. Debo admitir que soy una incondicional de su trabajo, y especialmente de su estética.

“Aní yeshená” (Yo duermo), basada en El Cantar de los Cantares 5,2

Música mizrají

Aunque toca mis emociones y pertenencias, la música mizrají –como se conoce en Israel la música del medio oriente, más específicamente los ritmos traídos por los judíos llegados de los países árabes– no termina de atraparme. Quizás sea porque prefiero los ritmos menos puros y el pop. Sin embargo, me gustan algunos artistas que han sabido fusionar el rock y la música mizrají, como el grupo Orphaned Land.

“Like Orpheus”, Orphaned Land feat. Hansi Kürsch

Tengo claro, por supuesto, que no puede pensarse la música israelí contemporánea sin el aporte de la música mizrají como ritmo y herencia cultural. Así que he seguido indagando.

Me topé por primera vez con la figura de Zohar Argov, “El Rey”, en un tour de Guy Sharett por las calles del barrio Florentine de Tel Aviv, pero en aquel momento no pude entender su peso en la historia musical israelí. Lo “descubrí” realmente a través de un texto del periodista Ari Shavit, y desde entonces su figura mítica y trágica me ha obsesionado. Puede que la música mizrají contemporánea no termine de seducirme, pero la voz y la historia de Zohar Argov son un caso aparte:

A principios de los setenta, las tiernas y dolidas canciones del tímido y larguirucho cantante se convirtieron en los himnos de lucha del Israel menos favorecido. Se vendían en casetes en la caótica central de autobuses de Tel Aviv, se cantaban en las bodas, fueron un éxito en los clubes nocturnos orientales que aparecieron en Bat Yam, Jaffa, Netanya, Lod y Ramla. Durante años Argov no fue reconocido por los estratos sociales superiores de Israel. Y cuando finalmente fue aceptado, sufrió una sobredosis de drogas y murió. Aunque sus desgarradoras canciones hablan principalmente del amor y la pérdida, parecen llenar mi auto con el gran dolor de los rechazados (Ari Shavit, Mi tierra prometida. El triunfo y la tragedia de Israel).

De aquellos tiempos hasta ahora la música mizrají ha andado un gran trecho, convertida hoy en parte esencial de la música israelí contemporánea.

“Hapéraj beganí” (La flor de mi jardín), Zohar Argov

Un juego oficial de la música israelí

Me gusta acudir a las listas oficiales y a los intentos de crear cánones porque siempre hay en ellos alguna verdad. El juego de cartas que una conocida empresa de telecomunicaciones preparó para la conmemoración de los 70 años de la fundación de Israel incluye ocho cantantes:

Arriba: Arik Einstein (1939-2013), Ahuva Ozeri (1948-2016), Shlomo Artzi, Yehudit Ravitz

Abajo: Rita, Shlomi Shabat, Sarit Hadad, Aviv Gefen

De ellos solo conocía a los más contemporáneos. Aunque toda selección o compendio es inevitablemente un punto de vista personal y subjetivo, me alegra haberme topado con ese intento. Yehudit Ravitz y Ahuva Ozeri fueron un regalo inesperado.

En fin… Si alguna vez mi hebreo mejora, o no, es lo de menos, mientras tanto, que no pare la música.

Por Fanny Díaz

Información adicional

[Haz clic en los nombres de los artistas para ir a su canal de YouTube]

[Una década de hits musicales del verano israelí]

[The 11 most popular Israeli songs of all time] (Las once canciones israelíes más populares de todos los tiempos)

Referencias

Shavit, Ari, Mi tierra prometida. El triunfo y la tragedia de Israel, Debate, Barcelona, España, 2014.

El arte libre de Kutiman

Tan heterogénea como el país mismo, la escena musical israelí no es solo la conocida lista de nombres internacionales, cuatro premios Eurovisión y réplicas locales de tendencias mainstream (¡y qué bien, yala!). Israel tiene además un fructífero movimiento musical que podríamos llamar “alternativo”, por darle algún nombre, que por su mismo carácter ha creado canales de distribución ajenos a los medios tradicionales. Paradójicamente, algunos de estos músicos se han convertido en figuras globales. Quizá el más emblemático de ellos sea Kutiman, nombre profesional del músico Ophir Kutiel, o Kuti, para sus amigos.

Su sitio web lo describe como “compositor, multiinstrumentista, productor, director de orquesta, mezclólogo digital y cineasta”. Kutiman es una especie de músico de culto, con seguidores incondicionales, entre los que me cuento.

Como muchos, conocí el trabajo de Kutiman a partir del proyecto de videos musicales Thru You, que el multitalentoso artista comenzó a publicar en su canal de YouTube en 2009. Fue un proyecto pionero en la creación de collages audiovisuales, usando videos musicales de artistas amateurs sin ninguna relación entre sí, a los cuales agregaba sus propias notas y mezclas para crear obras de inusitada originalidad. Al punto que Time Magazine lo incluyó en su lista de “Las cincuenta mejores invenciones de 2009”.

Gracias al éxito de Thru You, en octubre de 2010 Kutiman fue invitado a actuar en la gala de YouTube Play en el museo Solomon R. Guggenheim de Nueva York.

¿Qué tan libre?

Por supuesto, la idea de tomar grabaciones ajenas, sin autorización, que es básicamente la filosofía tras Thru You, no ha sido bien recibida por todos. Pero, nos guste o no, el trabajo de Kutiman y su equipo es una muestra del poder de la sinergia que puede generar internet.

Larry Lessig, autor del libro Remix, uno de los principales defensores de la llamada cultura libre, que aboga por una nueva manera de abordar el copyright, lo puso como ejemplo de la inspiración que puede generar el compartir obras libremente. Sin duda, en la era de internet, ¿puede considerarse violación de copyright tomar prestado el trabajo de otros, valorizándolo, para crear una nueva obra?

Siguen las mezclas y cocteles

Otro proyecto que le ganó millones de likes y adeptos a Kutiman fue Thru the City (2011-2015), mixes musicales que intentan resumir el latir de distintas ciudades, desde Tokio a Tel Aviv, pasando por Hamburgo. El video dedicado a Tel Aviv se volvió viral en asunto de días y todavía sigue.

En 2014 Kutiman inició la secuela Thru You Too con la canción “Give It Up”, de Samantha Montgomery. Bajo el nombre Princess Shaw, la asistente de enfermería en un centro de cuidados para mayores en Nueva Orleans, Estados Unidos, subía canciones de su autoría a su canal de YouTube. Un día Kutiman se topó con su trabajo, musicalizó la canción con su técnica de collage musical, y la magia estaba hecha. En pocos días el video de la canción con arreglos de Kutiman ganó millones de vistas.

La historia de la realización del video y del posterior encuentro de Princess Shaw y Kutiman en Israel es tema del documental Presenting Princess Shaw. Fue también el principio de la colaboración musical entre ambos.

En septiembre de 2016 el documental, dirigido por el cineasta israelí Ido Haar, ganó como mejor documental del año 2015 en los Premios Ophir, conocidos popularmente como los Óscar israelíes. (Como nota autobiográfica debo decir que estuve entre los cientos de seguidores de Kutiman que fuimos a la cinemateca de Tel Aviv a ver el documental, mucho antes de que este ganara el Ophir.)

La colaboración entre Princess Shaw y Kutiman continúa [2019]

¡Yala yala 2020!

2020 ha sido un año productivo para Kutiman y su banda a través de su propio sello musical, Siyal Music. En febrero lanzaron una edición limitada de un vinilo con los temas Saluf y Badawee. En abril le siguió Layla y en julio apareció el producto de seis años de incubación creativa: Wachaga.

El músico ha creado Kutiman Bandcamp, un sitio web y una comunidad en torno a Wachaga, en el que se cuenta la historia del álbum. Todo comienza en 2014 con un viaje a las estribaciones del monte Kilimanjaro, en Tanzania, donde vive el pueblo Chaga, también conocido como Wachaga. El músico grabó sonidos cotidianos, niños escolares tocando tambores y bailarines con campanas en los zapatos de la ciudad de Arusha, y con ese material ha creado una colaboración creativa, al agregarle tecnología, instrumentos occidentales y música en vivo. Naturalmente, el álbum solo podía titularse Wachaga.

Así describe su sitio web la obra final: “Es una osadía creativa que ha dado sus frutos: los instrumentos de viento y las melodías de sintetizador giran en espiral a través de patrones de ritmo y cánticos prestados que proporcionan la base sobre la cual Kutiman construye su propia casa musical, creando nuevos caminos de jazz, psicodelia y abstracciones meditativas circulares”.

Kutiman lo ha hecho otra vez: ha creado algo nuevo a partir de sonidos preexistentes. Ha recreado, ha resignificado. Y el resultado es a la vez antiguo y nuevo; profundamente ancestral y contemporáneo. ¿Africano y universal?

Fanny Díaz

Kutiman Bandcamp
[sitio web del álbum]

Fuentes

[Wikipedia]

[Reseña en The Guardian]

[Cultura colaborativa]

[Samantha Montgomery / Princess Shaw]

[Reseña en World Treasures Music]

El árbol de los chupones

arbolchupones_vcn_4He conocido muy pocos niños israelíes que no usen chupón –o chupete, o chupador, o chupa… hay tantos nombres en español–. Y no solo eso, además suelen hacerlo hasta ya grandecitos, incluso más allá de los 3 años, cuando muchas familias celebran la tradición de cortarle el cabello a los varones por primera vez.

Dejar el chupón suele marcar un hito en la vida de los niños, y especialmente de sus padres, quienes en adelante ya no tendrán que lidiar con el chillido “Motsetsi, motsetsi” (mi chupón, mi chupón). ¿Quién dijo alivio? Para el niño, por supuesto, implica dejar atrás una etapa de la infancia.

Para celebrarlo suele realizarse un pequeño acto simbólico de despedirse del querido objeto. Hasta donde sé, colgarlo de un árbol es el más común. Pero no de cualquiera, sino de un árbol de los chupones (ets hamotsetsim).

Como colgar el chupón no es un acto aislado que realizan uno que otro niño y su familia, estos árboles se han ido convirtiendo en un lugar cada vez más popular. Muchas ciudades han acondicionado espacios públicos especialmente dedicados al entrañable ritual.

Fiesta pública en Haifa

Colgar el chupón en Kiriat Bialik

Claro que también hay lugares privados con su propio árbol de los chupones, como esta casa en la calle Bar Ilan de Jerusalén, pero es lo menos común.

Orden: hasta 100 metros de casa

A menos de 100 metros de mi casa hay uno de estos árboles, que francamente no había notado hasta que el confinamiento nos impidió alejarnos más allá de esa distancia.

Me desteté (literalmente) del chupón en la fecha [día-mes-año]

Como amante de los ritos de pasaje que soy, el árbol de los chupones me parece una genial idea para dejar atrás un objeto tan significativo a esa edad. El niño aprende que para crecer hay que dejar ir cosas, algunas queridas pero que ya no necesitamos. Sin traumas, sin tragedias, divertidamente, y si es posible, con música y comida. Solo en Israel.

Y tú, ¿qué lugar cercano a casa has descubierto en estos días?

por Fanny Díaz

Aterrizaje lunar privado. Reflexiones sobre la misión SpaceIL

Peter Diamandis

En septiembre de 2007, compartí el escenario con Larry Page, Buzz Aldrin y el administrador adjunto de la NASA para anunciar el premio Google Lunar XPRIZE de 30 millones de dólares.

Nos propusimos el desafío de que un equipo privado construyera y lanzara un vehículo que pudiera volar y aterrizar en la Luna, enviar fotos y videos, recorrer medio kilómetro y enviar más fotos y videos.

Aquí un video de aquel anuncio:

A finales de febrero de 2019, doce años después, SpaceIL lanzó su nave espacial Beresheet con destino a la Luna sobre un cohete SpaceX Falcon 9.

Beresheet llevó el logotipo de XPRIZE al espacio, y tomó estas dos selfies, una durante su trayectoria translunar y otra camino a la superficie lunar:

Beresheet_selfies

Imagen: (derecha) Una selfie de Beresheet tomada en su recorrido de seis semanas de la Tierra a la Luna. (Izquierda) Una selfie de Beresheet tomada a pocos kilómetros de la superficie lunar, momentos antes de que el vehículo sufriera un desmontaje cinético no planificado.

Viajé a Israel para unirme al equipo de SpaceIL en el control de la misión Beresheet para este histórico intento.

Este blog es mi reflexión sobre la electrizante misión de la primera nave espacial lunar privada.

¿Por qué lanzamos este premio y por qué Google lo financió?

Creamos el premio Google Lunar XPRIZE para lograr dos objetivos principales:

  • Inspirar a la próxima generación de científicos, ingenieros e innovadores a intentar el lanzamiento de naves espaciales a la Luna.
  • Impulsar un acceso asequible a la Luna y ofrecer a los empresarios espaciales una plataforma legítima para desarrollar modelos de negocios a largo plazo en torno al transporte lunar.

Misión cumplida

Aunque la misión SpaceIL no logró un aterrizaje suave en la superficie lunar, hay mucho de lo que estar orgulloso y celebrar:

  • El Viaje del Héroe del equipo SpaceIL: imagina tres jóvenes emprendedores que apasionada e ingenuamente se proponen lanzar una misión para aterrizar en la Luna. Sin financiación ni experiencia técnica. Sin embargo, recaudarían 100 millones de dólares y construirían la nave espacial Beresheet con un equipo de menos de 50 ingenieros.
  • Un visionario financista: también celebramos la visión y pasión de Morris Kahn, originario de Sudáfrica, billonario israelí que se sintió tan conmovido por la pasión de los fundadores de SpaceIL que se comprometió con casi 50 millones de dólares para financiar la construcción y lanzamiento de la nave.
  • El impacto en niños y adultos: tras haber estado la semana pasada en Israel, sé que el equipo SpaceIL y la nave especial Beresheet son conocidos por cada estudiante y está en boca de todos. En cada lugar en el que estuve en Israel, una y otra vez jóvenes y mayores felicitaban a la Fundación XPRIZE por inspirar esta misión.
  • Hacer historia: en su emocionante trayectoria la nave espacial Beresheet hizo historia en más de un sentido, incluyendo: (1) ser la primera compañía privada en orbitar la Luna y tocar la superficie lunar; (2) convertir a Israel en la séptima nación (tras EEUU, Rusia, China, Japón, la Agencia Espacial Europea e India) en orbitar la Luna, el cuarto país en intentar un aterrizaje suave en la Luna y el cuarto país en tocar la superficie lunar.

Concesión de 1 millón de dólares del Moonshot Award

El lanzamiento de naves espaciales a la Luna es por definición difícil, y el resultado de la misión SpaceIL ha demostrado que estas competiciones que cambian el mundo están lejos de ser fáciles de ganar.

Al mismo tiempo, el espacio es en particular sumamente duro… por ahora.

Por ello, Anousheh Ansari (directora ejecutiva de XPRIZE) y yo decidimos otorgar al equipo SpaceIL el ‘Moonshot Award’ de 1 millón de dólares, a pesar de su desmontaje cinético, como un incentivo para proseguir su misión y lanzar Beresheet 2.0.

Conclusión

Sin duda, SpaceIL y Beresheet han propulsado la industria espacial privada hacia una nueva era.

Estoy agradecido con el equipo de SpaceIL por su dedicación y valentía en la prosecución del objetivo de Lunar XPRIZE y por vincular a millones de niños alrededor del mundo con la ciencia, tecnología, ingeniería y el espacio.

Me siento orgulloso de que la Fundación XPRIZE apoye Beresheet 2.0 con el premio de 1 millón de dólares y desde ya estoy impaciente por ver Beresheet 2.0 aterrizar en la Luna.

Peter Diamandis es un ingeniero, físico y empresario estadounidense de origen griego, fundador y presidente de la Fundación XPRIZE.

Enlace al texto original en inglés:
https://www.diamandis.com/blog/reflections-on-spaceil-mission

Publicado con autorización del autor.
Versión en español: Fanny Díaz

 

En el sur de Israel: moshav Shuva

El autobús que va hacia Beer Sheva me deja en medio de una carretera solitaria. Aunque a mi derecha se extiende un terreno verde, con sembradíos que no puedo identificar dados mis nulos conocimientos de agricultura, la sensación es que estoy en medio de la nada. Lógico, pienso, estoy en el desierto. En la zona noroeste del Negev, para ser exactos. A no tantos kilómetros de aquí está el pleno desierto, uno de mis sueños, pero esta vez mi destino es visitar a mis amigos en el moshav Shuva.

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Frente a mí aparece la señal de que estoy en el lugar correcto: un gran muro con el nombre del moshav, que incluye la cita de los Salmos de donde los fundadores tomaron la referencia para designar el lugar.

Retorna (shuva), oh Dios, a nuestros cautivos, cual cauces en el Negev (Salmos 126:4).

Desde la carretera hasta el centro del moshav hay una buena caminata, alrededor de quince minutos, que hago con la alegría del descubrimiento. Como se sabe, me he quedado en esa edad en que todo lo nuevo parece bueno.

Cuando llego, una gran fiesta comunitaria me da la bienvenida. Nada personal, claro, pero me lo tomo como un gesto de generosidad hacia mí.

MoshavShuva_VentanaAlgunas semanas después volvería a pasar un Shabat entre amigos. En la mañana del sábado fuimos a la sinagoga y luego compartimos un kidush comunitario al aire libre. La mayoría de la gente que conocí eran parejas jóvenes, de diferentes tendencias dentro del judaísmo, todos juntos.

Luego del kidush nos sentamos en esteras dispuestas en el suelo, a hablar, a tomar un poco de sol, a disfrutar de los amigos… a compartir, que es lo que hace la gente cuando vive en comunidad.

En Shuva la mayoría vive en casas conocidas como caravan, construcciones portátiles muy similares a un tráiler de viaje, de donde supongo viene su nombre. En este sentido, no muy diferente de otros moshavim que he visitado. Algunos pobladores más antiguos han construido casas espaciosas y de diseños únicos, impensables en zonas urbanas. Mis amigos han comenzado a construir la suya a partir de containers, con un proyecto arquitectónico profesional. La idea me parece fascinante. Mientras los demás duermen la siesta de Shabat, me dedico a escrutar los detalles de la construcción. Es Shabat y no puedo tomar fotografías. En mi próxima visita, probablemente la casa esté lista, o casi.

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Tras la siesta vamos a visitar una caballeriza y los campos, lo único que nos recuerda que estamos en un moshav. Al terminar Shabat, es hora de regresar. Todas las líneas de autobús que van de Beer Sheva y Netivot hacia el centro del país deben pasar frente a la entrada del moshav, e incluso hay una parada que lleva su nombre. Después de todo, no es verdad que estamos en medio de la nada; es la voz de mi alma urbana, un poco aturdida por tanto aire puro, lo que me lleva a pensar esto.

La vida de Shuva toca algo profundo en mí. Quizás nunca sea capaz de compartir la cotidianidad de una comunidad como esta, pero la sensación de casa me queda por unos cuantos días. Es otro Israel, el de los sueños pioneros. El Israel por el que gente como yo está aquí. Mi casa es tu casa. El viaje continúa.

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Fanny Díaz

 

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Información de interés

Moshav, plural moshavim: poblado cooperativo, originalmente dedicado a la agricultura, fundado en la primera mitad del siglo XX por la segunda inmigración judía (aliá) a Israel.

Un poco de historia

El moshav Shuva fue establecido en 1950 por inmigrantes de Trípoli, Libia, a quienes más tarde se unieron inmigrantes de Argelia y Túnez. En 1957 los residentes tunecinos abandonan Shuva para fundar el moshav Zimrat.

En 2016 el moshav contaba con 622 habitantes, una mezcla de descendientes de las familias fundadoras y un número de familias jóvenes, establecidas aquí por diversos programas de poblamiento de la zona del Negev.

Shuva pertenece al consejo regional Sdot Negev, uno de los siete consejos en los que se divide la zona noroeste del Negev (Jof Ashkelon, Lajish, Sha’ar HaNegev, Sdot Negev, Eshkol, Bnei Shimon y Merjavim).

Fuentes

Or Movement en el Negev 

New pioneers of the Negev desert

A Day in the Western Negev

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Manos a la esponya y bienvenido a Israel

Comienzos_ViejacasanuevaNunca hubiera imaginado que fregar el piso podría llegar a ser un código cultural, o cuando menos lo más próximo a un rito de pertenencia femenino –y quizás también masculino, pero de ello no puedo dar testimonio, por razones obvias– que he conocido. Pero no limpiar de cualquier manera. En Israel el elaborado ritual recibe el nombre de esponya, y como todo código responde a normas “que regulan unitariamente una materia determinada” (rae.es). Por eso existen los códigos, porque éstos son una de las pocas formas de asegurar que algo pasará de una generación a otra sin mayores variantes.

Iniciar al recién llegado –y algunas veces a quien ya no lo es tanto pero aún no ha entendido bien los intríngulis del asunto, como es mi caso– en el arte de la esponya es sin duda un gesto de buena voluntad y acogida. Para quienes llegan, abrirse a otras maneras de hacer incluso las cosas más simples es asumir la disposición de aceptar nuevas reglas. Un rito de pasaje por donde se mire.

Aunque elaborado y codificado, el proceso de la esponya no responde a principios complejos. En Israel no hay tiempo ni paciencia para eso. Se trata básicamente de una manera de lavar el piso con mucha agua y esfuerzo.

Por supuesto, como paso previo el piso debe haberse barrido. A continuación se preparan los instrumentos para la esponya. Nada de ir a buscar lo que se necesite “como vaya viniendo”. Todo debe estar listo antes de comenzar. Para esto se llena un balde de agua con jabón, limpiador para pisos o lejía (aquí llamada ‘económica’, lo cual merecería un capítulo aparte), que a continuación se vacía en la superficie a lavar.

En casos extremos se frota el piso con una escoba para quitar el sucio y luego se saca el agua con lo que en algunos países llamamos haragán o más comúnmente secador de pisos. En días “normales” puede prescindirse de la escoba. Si se está en modo obsesivo, se vuelve a cubrir el piso con agua limpia, pero en la mayoría de los casos simplemente se pasa el coleto o mocho mojado para asegurar que el piso haya quedado bien limpio. Muchos años atrás, según cuentan, se usaba para esto un aparatoso palo con esponja llamado esponyador­, de donde proviene el nombre de la tarea que nos ocupa. Por último se pasa un trapo seco.

Uno diría que después de esto el piso quedará limpio durante meses, pero no. Si se trata de una oficina o una escuela, al día siguiente hay que volver a lavarlo de la misma manera. Y en casa, cada semana o con la frecuencia que el ánimo doméstico lo disponga.

Lavar el piso con balde y trapo, tal como se usa en innumerables países alrededor del mundo, es conocido como esponya americait, sinónimo de básicamente limpiar con agua sucia. Y no les falta razón, claro.

Pese a mis esfuerzos antropológicos aún no he podido dar con una versión confiable de sus orígenes culturales. He leído que en algunos países de Europa del Este se usa un método de limpieza parecido, pero desconozco si tiene el carácter de marca cultural que detenta la esponya en Israel.

Limpiar, con cualquier método, no entra en mi lista de actividades predilectas, pero si en nombre de la pertenencia hay que dominar la técnica de la esponya, sea bienvenido este rito de pasaje. Espera, ¿sólo hace falta esa lección y su correspondiente práctica para considerarse israelí? Walla, leat leat, lo col caj pashut. Por Dios, poco a poco, no es tan simple.

Fuentes: experiencia personal. Si alguien tuviera dudas de mi versión, sólo tiene que consultar esta “Guía para principiantes en cinco pasos”.

Fanny Díaz