Maletas de historia

Siempre soñé con reducirlo todo a un morral, soltar las amarras y recorrer el mundo. Un día aquí, otro allá, mañana quién sabe dónde. Me iría con mi escritura y mi angustia a otra parte, cualquier parte, siempre una nueva parte. Lo mío sería la travesía perpetua de una beduina intercontinental.

Y heme aquí, con dos maletas gigantescas en un cuarto minúsculo al sur de Israel. Alguien quiere cambiar de vida y se lleva la antigua a cuestas. Escoge las cosas que se imagina extrañará y las va poniendo en una maleta. Cuando se da cuenta, no es suficiente una. De pronto, al otro lado del mundo se sorprende viviendo casi la misma vida, con casi las mismas cosas y, peor aún, casi la misma angustia.

Hace falta más que cruzar un océano para cambiar de vida. Hace falta dejar atrás, y también preguntarse si “cambiar de vida” no es una pretensión carente del más básico sentido histórico. Hace falta encontrar un equilibrio entre dejar atrás y cargar con maletas de historia, si no, puede uno llegar a convertirse en alguien siempre de paso sin moverse: no en un ciudadano del mundo, como soñaron los abuelos, sino en un nostálgico. Sí, es necesario mirar por el retrovisor, pero para seguir adelante hay que estar alerta, en el aquí y ahora. Tomar y soltar, una y otra vez.

Seguramente algún día lograré mi sueño de vivir en un morral. Por lo pronto esas maletas gigantescas son un recordatorio de los sueños. Dondequiera que uno esté debe encontrar la manera de mirar el mundo desde esa edad en que todo lo nuevo parece bueno.

Fanny Díaz

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2 comentarios

Archivado bajo Actualidad, Aliá, Israel

2 Respuestas a “Maletas de historia

  1. Hermosa crónica de un mundo nuevo ¿A dónde te vas? Me sentí tan identificada con tu post ¡La nostalgia nos persigue con la edad!, morimos y dejamos la vida que ya no podemos vivir a cada hora que pasa, creo que todo es efecto del paso del tiempo.
    Qué hermoso volver a comenzar, esa es una experiencia, que en contraposición de la nostalgia, nos da un aliento fresco, nos hace sentir que somos jóvenes (Aunque no sea el caso) y que el pasado no importa. La vida en aventura es una juventud robada al tiempo ¡Que vivan las mudanzas!

  2. Gracias Inés. Sí, la nostalgia nos persigue, pero no hay que darle mucha cuerda. Gracias por recordarme la razón por la que emprendí este viaje, a ratos absurdo, pero siempre enriquecedor y lleno de aventuras. Sí, ¡qué vivan las mudanzas!

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