Aquí vive Orwell

Por Fanny Díaz

Viejacasanueva_tecnoIsraelHace mucho que la ciencia ficción dejó de ser un motivo de asombro para convertirse en un lugar común resumido en la frase “el futuro ya está aquí”.

Tras mi efímero y poco exitoso ejercicio como obrera manual, llegó la hora de vivir la experiencia de ser una auténtica obrera del siglo XXI. En principio, cuento con todos los requisitos: fanática del teclado (por no decir prácticamente inútil en cualquier otro campo), inmigrante en Israel, uno de los mayores exportadores de alta tecnología en el mundo, y dispuesta a renunciar a la sociabilidad con tal de ganarme los cobres de manera segura y puntual.

Así que de la noche a la mañana el miniapartamento en el que vivo se convirtió en eso que las revistas de diseño llaman un “home office”. Durante el receso para el café converso sobre literatura con mi compañera de trabajo por el chat de skype, mi gato entra y sale a su antojo porque sabe que siempre estoy en casa y si me topo con mi jefe en la calle probablemente no lo reconozca.

Cada vez que le cuento a alguien que trabajo desde la casa a través de internet, la gente tiene una reacción extrema. O piensan que me he sacado la lotería de los trabajos, o me hacen sentir que soy en esencia una presa del siglo XXI. Creo que ambos grupos tienen razón y además mis condiciones de trabajo no me parecen particularmente extraordinarias. Soy apenas una entre los millones que realizan teletrabajo alrededor del mundo, “telecommuters”, para los que la virtualidad se ha convertido en otra manera de estar en el mundo.

Sí, el futuro ya está aquí, tiene la cara cuadrada y algunas veces hasta trabaja en piyamas.

Ciclista cubano ejemplo de superación

Por Daniel Santacruz

DamianLopezAlfonso2
Damián López Alfonso y el autor con Jerusalén de fondo

Damián López Alfonso tenía 13 años cuando se electrocutó al tratar de bajar una cometa que se había quedado enredada en un cable eléctrico. Trece mil voltios de corriente entraron en su cuerpo y, como consecuencia, sufrió quemaduras graves en la cara y el torso. También perdió los antebrazos.

Tuve la oportunidad de montar en bicicleta con Damián, que ahora tiene 37 años, por Jerusalén recientemente.

Damián, que vive en La Habana, Cuba, vino a Israel invitado por el Hospital Alyn a participar en una competencia ciclística para recaudar fondos para éste. El hospital trata pacientes lisiados y quemados.

Varias organizaciones, además del doctor de Damián, enviaron correos electrónicos buscando un voluntario en Israel que hablara español para sacarlo a conocer Jerusalén en bicicleta pues no habla inglés o hebreo. Yo me ofrecí.

Su lucha por no dejarse derrotar por la tragedia es ejemplar. Superando sus impedimentos físicos, Damián es ciclista profesional y ha competido en varios torneos en México y Canadá. El último fue aquí en Israel.

Su bicicleta Fuji, de varios miles de dólares, fue donada por una organización en Estados Unidos y adaptada a sus necesidades. A pesar de no tener antebrazos, la maneja con destreza. Para mi sorpresa, es mecánico de bicicletas en La Habana.

Vive con su madre y, como muchos cubanos, adolece de ciertas necesidades. Al final de nuestro paseo, que incluyó la Ciudad Vieja, la Calle Ben Yehuda y el barrio de Mea Shearim, le regalé un juego de herramientas para que use en su taller, pues son difíciles de encontrar en Cuba.

Damián vistió los colores de la bandera de Cuba el día que salimos: rojo, azul y blanco. Y en la espalda, en azul, las cuatro letras del nombre de su país.

Daniel Santacruz es periodista,
investigador de la lengua ladino,
editor del website kolsefardim.net

Colores del verano israelí 2013

Por Fanny Díaz

VeranoenIsraelEste año el final del verano resultó eclipsado por las fiestas mayores (Rosh Hashaná, Iom Kipur y Sucot), que llegaron más temprano que otras veces.

Por eso quisiera guardar algunos colores veraniegos para volver a ellos cuando las lluvias y el frío húmedo de Israel amenacen con hacerme olvidar la luz.

 Librodelavida

Unas mariposas emergiendo del libro de la vida del artista estadounidense David Kracov fueron el primer guiño del verano desde la vitrina de una galería de arte en Jerusalén.

PlazaHabima

 Las flores multicolores de la plaza Habima en Tel Aviv me recuerdan que vivo en un país que después de 65 años sigue embelleciendo el desierto.

FashionPantoneIsrael

Fashion y Pantone, vieja dupla, me han alegrado la vida por muchos años. Esta vez lo hacen desde la bolsa de una popular cadena de ropa israelí.

Con las manos en la máscara

Por Fanny Díaz

En 2011 escribí un post sobre la experiencia de un olé jadash al retirar su primera máscara antigás. Dos años después, la amenaza de un ataque se cierne sobre Israel una vez más. De nuevo los recién llegados deben retirar su “equipo de defensa”, de nuevo la angustia se apodera del día a día, de nuevo los rumores son la principal fuente de información.

¿Qué hacer? Algunos consejos prácticos

  • Obviamente, lo más importante es permanecer en calma. Confiar en que Israel, no sólo está preparado para un ataque, sino que su principal preocupación es la protección de sus ciudadanos.
  • El Home Front Command, “Pikud Haoref”, la institución israelí encargada de la seguridad ciudadana en casos de conflicto armado o desastres naturales, es la mejor fuente de información. Para cualquier duda o solicitud llamar al teléfono 104.
  • En la página web de Pikud Haoref se encuentra una guía de los lugares de distribución de máscaras antigás:
    http://www.oref.org.il/901-11957-en/Pakar.aspx
  • También se puede solicitar el envío a través de la oficina de correos con solo cancelar 25 shékels, pero esta opción toma al menos 18 días hábiles. Teléfono: *2237 o dejar un mensaje.
  • Las municipalidades cuentan con un servicio de ayuda sobre aspectos locales en el número 106.
  • Aunque todos lo sabemos, es necesario repetirlo: jamás saques la máscara de la caja para practicar cómo usarla. El aire deteriora los filtros y las sustancias protectoras que ésta contiene.
  • Si por alguna razón no se obtuvo la máscara, no hay que angustiarse. En este momento se está asignando máscaras solo a los ciudadanos israelíes, pero en caso de emergencia el ejército de Israel monitoreará que todos sus ciudadanos y residentes estén debidamente protegidos.
  • La vida continúa de manera normal en Israel. No hay llamados de alerta ni luz roja. La mejor protección es conocer el protocolo de emergencia, qué hacer, hacia dónde dirigirse y cuál es el refugio más cercano en caso de no contar con cuarto de seguridad (maamad) en casa.
  • Sí, ya lo dije, pero quisiera repetirlo: confía en que Israel cuenta con gente capacitada y provista con los mayores adelantos actuales para la protección de la población civil, que en caso de una crisis (Dios no lo permita) estará allí para protegerte.

Quien salva una vida, salva al mundo entero.
Talmud

FuentePikud Haoref, amotherinisrael.com

Instantáneas israelíes

Por Fanny Díaz

RakbIsrael
Solo en Israel

Solo en Israel

I

El muchacho pregunta si me gusta la nostalgia. “Depende de qué tipo de nostalgia”, respondo, y él pone en Youtube una canción de hace tres años. ¿Propio de su edad o más bien propio de un país donde la novedad es la regla? ¿Qué importa, a fin de cuentas?

II

El hombre descarga en mí su resentimiento con el mercado de trabajo israelí. Me hace saber que “mi industria” le ha quitado el trabajo a millones de personas y que por eso merecemos ser pechados con más impuestos que el resto de los trabajadores. Como si eso solo sucediera en Israel y como si fuera yo la presidenta de una corporación de alta tecnología y no la obrera del teclado que soy. Para calmarlo, le digo que Israel es quizás el único país del mundo en el que se necesita contratar dos empresas para un solo servicio de internet. De todas formas no sé si entendió lo que quise decir.

III

A la mujer le asombra mi entusiasmo por la moda israelí: “Quizás vivimos en países distintos. Yo solo veo bermudas y sandalias para cualquier ocasión, blue jeans en la sinagoga, lentejuelas ochentosas en los matrimonios”, dice. “Yo hablo de Ronen Chen, la semana de la moda, los tours de compra en Tel Aviv”, contesto. “Y yo hablo de la realidad, de lo que hay”, deja sentado ella con impaciencia. Quizás tenga razón, pienso, solo que yo prefiero vivir en este mundo paralelo donde encontrar belleza es la máxima ley.

Romance del gato sabra

Por Fanny Díaz

Gatos Israel vida israeliEl paisaje urbano israelí tiene un maullido como sonido de fondo. Casi en cualquier rincón una manada de gatos ha conquistado un territorio para pasar sus días, sino plácidamente, por lo menos tolerados por la vecindad.

Digamos que en Israel los gatos se han beneficiado de la inclinación judía por la comida y los invitados. Lejos de la imagen macilenta de los animales callejeros que uno suele tener, en general estos auténticos sabras muestran barrigas llenas y supongo que corazón contento.

Quien tenga debilidad por estos animales o alguna fijación infantil con una pandilla de ellos, no tendrá dificultades para adaptarse a este paisaje. Quien los deteste, como parece ser el caso más común, tendrá un inagotable tema de conversación y queja. Los gatos israelíes tienen audiencia asegurada.

En principio, no formaba parte de ninguno de los dos grupos, aunque siempre me ha gustado la particular soledad de los gatos, su placidez un tanto envidiable, y sobre todo esa actitud de rey caído que nunca ha olvidado su origen. Mi adscripción a la corte gatuna se la debo al haber sido escogida por un gato sabra. Luego de seguirme con la mirada durante semanas, un día se me enredó entre los pies y desde entonces no he podido zafarme de él. El muy jutzpán (¿no son acaso jutzpá y sabra vocablos casi sinónimos?)…

Uno de estos días leí que Osvaldo Soriano alguna vez dijo que “un escritor sin gato es como un ciego sin lazarillo”. Su palabra vaya adelante. Ahora soy guiada por un gato que maúlla en hebreo. Quizás por este camino algún día llegue también a ser escritora.

Israel aliah vida israeli

El aula de la calle en Tel Aviv

Por Fanny Díaz

Durante las protestas de 2011 en Tel Aviv, Guy Sharett notó que muchos de sus estudiantes de hebreo no entendían el significado de las pancartas, no solo el literal, sino sobre todo el contextual. Israel, un país cuya inmigración no ha cesado desde su fundación en 1948, es un lugar multilingüe, pero hablar hebreo es la única manera de entrar en contacto con el corazón de esta tierra.
Sharett, profesor diplomado de hebreo y lingüista egresado de la Universidad Hebrea de Jerusalén, tuvo la idea de juntar enseñanza del idioma y cultura israelí en las calles de Tel Aviv. Así nacía la aventura de una clase de hebreo peripatética, en la que no solo se aprende la lengua diaria, sino también etimología, historia judía y universal, cultura contemporánea, slang y algo de la movida telavivense.
Con su pizarra miniatura que ya es parte de una marca personal, Sharett recorre con su grupo las calles del barrio Florentin, al sur de la ciudad, escudriñando paredes en busca de significados. Incluso el alcantarillado puede mostrar la acelerada evolución de la lengua hebrea, de la que Amos Oz dice: “Lo que en otras lenguas ha supuesto un proceso de varios siglos, para el hebreo han sido unas pocas generaciones. La distancia entre Miguel de Cervantes y Gabriel García Márquez, en términos hebreos, es de 120 años”.
Considerada una de las ciudades más innovadoras del mundo, Tel Aviv muestra sus recodos con creatividad. Baruj habá (‘Bienvenido’, literalmente ‘Bendito el que llega’).

Verano israelí 2012

Con este segundo álbum de verano, se está creando una tradición: veranos israelíes en viejacasanueva.net

Otro atardecer en el Mediterráneo
Aquí cabemos todos (acalorados)
Una nueva idea de Zapatos Katalina está por nacer
Dos estilos veraniegos, un solo hobby: hablar por teléfono
Moda de Israel para el mundo
Reggae escrito en alef-bet

En el camino

Estación de tren de Lod

En casi cualquier lugar de este planeta superpoblado la gente pasa gran parte de su vida camino al trabajo, generalmente atrapada en el tráfico, o debido a la distancia.

A pesar de lo que cualquier israelí pueda decir al respecto, creo que aquí el tráfico es un asunto menor. Sé que en Mumbai muchos prefieren caminar durante horas, porque en un autobús podrían pasar más tiempo sin siquiera moverse de sitio. En Caracas parte de las proezas cotidianas es evitar la “hora pico”, que en un día de lluvia podría durar toda la mañana. En Bogotá la gente debe dejar su carro en casa una vez a la semana… Cuando en Israel alguien se queja del tráfico no puedo más que mirarlo con la condescendencia de quien sabe que el otro ha vivido poco.

Incluso en la apretujada Tel Aviv las colas están lejos de ser algo de temer, a menos que algún chofer haya decidido mostrar su habilidad para el balagán, el casi omnipresente desorden israelí. Una cosa sí es peculiar en este país diminuto: si por esas rifas del destino a uno le toca un trabajo que exija viajar más de una hora, en la práctica se habrá ganado una expedición antropológica diaria.

En hora y media se va de la costa mediterránea al semidesierto; de escuchar ruso como lengua local, a tratar de entender una mezcla de árabe y hebreo, con el infaltable añadido de inglés que todo israelí utiliza para dirigirse a cualquier recién llegado, sin importar si entiende o no.

A pesar de los cambios del paisaje, sin embargo, nadie se sentirá demasiado perdido. Algunas vistas permanecen. Ahí está ese latinoamericano que discute por teléfono a todo volumen un enrevesado problema personal, confiado en que nadie a su alrededor entiende lo que dice, o quizás eso le tenga sin cuidado. Más allá alguien desayuna de prisa sentado en una acera: en cualquier otro sitio la gente corta de tiempo come mientras camina; en Israel, el honor a la comida está primero. Aquí y allá cualquiera te dirá “mótek (dulce)” sin haber hecho lo mínimo para merecerlo, con tanta gracia, que uno no puede sino sentirse contagiado por la familiaridad. Entre tanto, una solitaria voyerista atraviesa cada día el país liliputiense, toda oídos, toda ojos, toda piel.

Fanny Díaz